Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes. Salmo 46:1-3 (NVI)

No estamos acostumbrados a que la tierra tiemble. Por tal razón, Puerto Rico vive un tiempo de mucho dolor por aquellos que enfrentan pérdidas materiales y emocionales a causa de los pasados terremotos. Vivimos un tiempo de mucha ansiedad por la llegada imprevisible de más réplicas. Es como tener un enemigo silencioso que no sabemos cuándo atacará, pero algo nos dice que será pronto.

Una mirada al Salmo 46 nos ayuda a enfrentar este nuevo desafío con una óptica celestial, desde la perspectiva de Dios. Él sigue siendo nuestro protector. Esto no ha cambiado. De hecho, inspiró al salmista para que lo describiera como nuestro amparo y fortaleza. De esta manera, Dios se levanta con toda autoridad sobre el caos y provee la seguridad que sus hijos necesitan en momentos de temor.

A lo largo de este salmo somos invitados a mirar nuestra vida desde la óptica de Dios. Ver tu vida y tus circunstancias desde la perspectiva de Dios es muy diferente a verlas desde tu propia perspectiva. Por tanto, confía en que: (1) Dios es tu protector; (2) Dios tiene autoridad sobre su creación; (3) Él te brinda seguridad en medio del temor.

En el Seminario Teológico de Puerto Rico nos solidarizamos con aquellos que han sufrido pérdidas a causa de los pasados terremotos. Sin embargo, los animamos a cobrar fuerzas en el Señor para seguir impartiendo el mensaje de esperanza que Puerto Rico necesita.

Es nuestro deseo que Dios le use como un instrumento de Su llamado en esta nueva experiencia que enfrenta Puerto Rico.

Un abrazo y bendiciones,

Rev. Rafael Candelaria Director Ejecutivo